25 nov 2011

COMPATIBLES


La aspereza de tu piedra negra
frota con avaricia mis tobillos hinchados.
 Mis piernas con várices se congestionan
en  el doloroso parto de tus hijos
y el abuso consciente del innecesario reposo. 
Los garfios de tus uñas desgarran sábanas y piel
en medio de una erótica disputa.


Experimentadas y resistentes callosidades 
trazan senderos en mis indefensas carnes.

Entre los vapores de tus viciados pulmones
que respiran en mi noche como agotados fuelles
encuentro la angustia de mi rinitis crónica.
La indolencia de tus intestinos urden una espontánea vigilia
mientras mi úlcera gástrica regurgita tus alterados mutismos.

Con la torpeza de mis manos esmirrio tu contracturada espalda
en los estertores de un abrasador verano.
Tu maltratado hígado  pende de un decisivo transplante
cuando colapsa mi vesícula empedrada de cal
colisionando urgencias, sanatorios y médicos.
Tu empecinado divieso supura inmundas serosidades
que no terminan de regenerarse en el desorden de mi piel.

La aguda tendinitis de mi insumiso brazo derecho
y la exigua cojera de tu ocioso pie izquierdo.
Mis incapacitantes alergias al sol y al polen,
y a las frutas, y a las hojas y a las plumas,
y tu diligente celo en la supervivencia de los ácaros.
Tus interminables y alternativos insomnios
y mis insistentes depresiones patológicas
barajan desconciertos en la trama de una
 impuesta convivencia infame.




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